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martes, octubre 02, 2007

Luz recomienda: Perversiones Orales

Carlos GenoveseJorge DíazEs para mi un gusto difundir esta información. Carlos Genovese, a quien admiro como narrador y quiero como un buen amigo, narrará textos de Jorge Díaz, a quien considero no sólo uno de los mejores escritores que yo haya leído sino alguien que verdaderamente quise mucho. Espectáculo recomendable sin lugar a dudas. A la asombrosa inteligencia y exquisito humor de los textos de Jorge Díaz, se le suman la impecable narración de Carlos, maestro indiscutido e imbatible de la primera persona. En mi opinión, el mejor en las lides del difícil "Yo".


PRESENTACIONES DEL NARRADOR CHILENO CARLOS GENOVESE

El conocido narrador chileno Carlos Genovese, hará dos presentaciones en Buenos Aires, este mes, las cuales serán a beneficio de el CELCIT.

PERVERSIONES ORALES
(Espectáculo de narración oral, basado en relatos del dramaturgo chileno Jorge Díaz)
Adaptación, dirección e interpretación: Carlos Genovese (Valparaíso, Chile)
Viernes 26 y sábado 27 de octubre, 23:00 hr.
Entrada: $ 15. Teatro del Artefacto. Sarandí 760. Reservas al 4308-3353

Reseña:

Pervertir, en el plano moral, es cambiar el bien en mal, pero también significa corromper, desnaturalizar un texto, una expresión, alterar la costumbre que tenemos de estos. Si lo llevamos al plano de la oralidad y hablamos pervertidamente, veremos que los significados ya no son lo que parecen y menos los que deberían ser de acuerdo a las buenas costumbres y a la blancura de las cosas bien dichas.

De esto se trata este espectáculo, de palabras pervertidas para que signifiquen lo que no se dice, lo que se oculta, lo que avergüenza decir. Los corruptores, en este caso, son dos: un autor "perverso" en el lenguaje y las situaciones y un cuentacuentos con ganas de "pervertir" con su palabra a un público, que no por inmaculado es menos "pervertible".

Jorge Díaz, el autor que nos dejó hace muy poco y su cómplice el narrador chileno Carlos Genovese intentarán la perversa tarea de inocular algunos gramos de contradicción, locura, descriterio , humor negro y atípica ternura en las mentes de quienes acepten ser corrompidos, pero a sabiendas, es decir, prevenidos de antemano. Ya lo saben: el que avisa no es traidor.

Luz recomienda: La Noche de los Museos


"El próximo sábado 6 de octubre, entre las 7 de la tarde y las 2 de la madrugada, tendrá lugar la cuarta edición de La noche de los museos, organizada por la Dirección General de Museos dependiente de la Subsecretaría de Patrimonio Cultural del Ministerio de Cultura del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Durante el transcurso de esta noche especial, el público recorrerá gratuitamente las salas de exposición de los museos participantes, disfrutando de visitas guiadas y una gran diversidad de propuestas de teatro, danza, performances, cine, video, multimedia, conciertos de música de cámara, coros, jazz, tango, folclore, rock y electrónica, en un collage de múltiples expresiones"

Más info acá: http://www.lanochedelosmuseos.com.ar/

jueves, agosto 23, 2007

Tengo tango


Hace una semana salí tarde de casa para ir al trabajo. Detesto llegar tarde. Cuando esto me pasa no logro concentrarme en otra cosa que no sea la hora. En el subte un bandoneón comenzó a llorar tangos y alguna polka; vi como algunos levantaban las cejas, ese gesto tan argentino que pareciera ayudar a recordar mejor, a permitir que dancen los viejos tiempos en la humedad de la lágrima que asoma; otros miraban tristemente al vacío; otros al músico; de manera inefable todos éramos alcanzados por una dolorosa nostalgia. No llegué a la oficina consumida por la ansiedad de la demora, sino atravesada por las dolorosas notas de aquel bandoneón.

sábado, octubre 28, 2006

Mi Buenos Aires Querido...


La primera vez que vine a Buenos Aires, momento en el que no podría haber imaginado que terminaría viviendo en esta ciudad, escribí a un buen amigo lo siguiente:

Cada persona de ese puerto maravilloso pareciera tener una historia interesante qué contar. Los rostros son expresivos, las narices generalmente grandes y los ojos miran a los ojos. Tienen de qué sentirse orgullosos y lo saben. Es la segunda ciudad en todo el mundo líder en psicoanalizarse y, ¿sabes qué?, se nota. Son frontales para
lo bueno y para lo malo. Si haces algo que les parece mal, te "putean" (perdón por la mala palabra, no cabía otra). Si les gustas, te lo dicen. Las personas que te encuentras en el ascensor te conversan, el farmaceuta está feliz de serlo y te trata bien, cualquiera puede comentarte sus sueños o rabias en medio de la calle, abundan las sonrisas... es una ciudad descomunal que tiene la calidez de un pueblito.

Caminar por la calle Corrientes era, para mi, llegar a "wonderland". Librerías, tras teatros, tras cafés y luego más librerías y más librerías y más teatros cada uno más bello que el anterior y otro café... después de haber visto millones de libros en las decenas de librerías, puedes comer unos deliciosos churros con chocolate caliente e ir al teatro. Al salir del teatro, sea la hora que sea, Corrientes seguirá tan bulliciosa y poblada de gente como a las 4 de la tarde. Buenos Aires no duerme.

Las ferias de artesanía y los mercados populares son gloriosos. La comida es siempre fresca, siempre de buen sabor, siempre alegremente conversada. Es el paraíso para las mujeres que adoran comprar. La ropa es, en general, de muy buen gusto y bien acabada, sin importar mucho donde la compres.

Luego están los lugares como la Plaza de Mayo, que son sobrecogedores por la historia que tienen contenida en cada uno de sus rincones. No sorprende por la forma, sino por el fondo, por los gritos que quedan dando vuelta alrededor, por la injusticia llorada, por la valentía del amor de esas mujeres que aún hoy salen cada jueves a renovar el dolor.

Es un pueblo que conoce y ama su historia, sus héroes, su cine, sus estrellas, sus casas... que sale cada día a reclamar sus derechos, a tratar de construir justicia, a maldecir en la puerta de los bancos a los ladrones que les arruinaron la vida, a tocar un tango en medio de la calle aunque para eso tengan que arrastrar un piano, a reir o llorar siempre que haga falta.

jueves, octubre 26, 2006

Poe y yo

Yo, cuentacuentos y feliz lectora, no había leído nunca a Edgar Allan Poe (sí, sí me averguenza decirlo). Aproveché que en el subte bonairense vendían una antología de este autor con el título de "Narraciones Extraordinarias" a un precio irrisorio e hice la compra para saldar esta imperdonable deuda con la literatura. No empecé a leerlo de inmediato porque el azar (concurrente) me había puesto en las manos un compendio de relatos herederos de Poe para preparar el camino. Antes de abrir la primerá página, terminé de leer "Lecciones de Tinieblas" de Claudio Ratier, un autor argentino que me simpatiza bastante.
El camino que va de mi casa al trabajo me toma, en promedio, 50 minutos. Es un tiempo que aprovecho para pensar, escribir o leer (mucho más esta última que las dos primeras). Fue en estos pedazos de vida que empecé a leer estas extraordinarias narraciones.
Entre las alternativas que tengo, suelo preferir el colectivo 2X. Una de las primeras veces que lo tomé se detuvo por completo, ya vacío, 15 cuadras antes de llegar a mi casa. El chofer me indicó que ya no seguía y debía bajarme. Al principio no entendí qué sucedía. Algunos colectivos, aún con el mismo número, tienen diferentes recorridos, los cuales se indican con un cartel que se lee a través del parabrisas de cada autobús. El que me deja en mi casa, debe tener un cartel que diga "Olivos". Aprendido esto, no tuve que caminar las 15 cuadras nuevamente.
El pasado miércoles fue un día especialmente caluroso en Buenos Aires. Yo estuve largo rato esperando el colectivo 2X que dijera "Olivos" en el cartel. Pasaron dos de los otros, de manera que los dejé pasar. Finalmente, se acercaba el apropiado, hice una seña pero no paró. Cansada y acalorada, decidí que prefería caminar las 15 cuadras que quedarme ahí más tiempo. El siguiente 2X que pasó no decía "Olivos", pero me subí en él. Como no tenía que bajarme sino al final del recorrido, resolví leer sin levantar la vista hasta que el autobús se detuviera definitivamente.
De pronto, mi compañero de asiento me hizo una pregunta inesperada: "¿no te da miedo leer eso?". Lo miré y respondí un "no" que tenía mucho más de perplejidad por la pregunta que de sinceridad. "Debería", dijo él. Yo volví a mi libro y poco después noté que el hombre se cambiaba de asiento. Un rato más tarde, el autobús se detuvo. Yo estaba tan absorta en la lectura que no me di cuenta hasta que mi ex-vecino de asiento pasó junto a mi diciendo "terminó", riendo después de una forma que calificaría de malévola si no fuera porque este adjetivo me parece falso y un poco cursi.
Cuando me bajé del autobús no reconocí el lugar, pero de acuerdo con mis cálculos y con mi experiencia anterior debía estar a una o dos cuadras de la Av. del Libertador, por la que tendría que caminar 15 cuadras hasta llegar a mi casa. Pregunté a una mujer dónde estaba esta avenida y me respondió "a 40 minutos de camino". Por fortuna, supo explicarme con detalle cómo podía hacer para ir hasta mi casa. Tomé otro autobús que me dejó a 50 metros de la puerta del edificio en el que vivo.
Fue así como yo, cuentacuentos y feliz lectora, atravesé esa puerta una hora más tarde que de costumbre apretando con las manos un libro de Poe.
(Nota Aclaratoria: el colectivo 2X tiene 3 recorridos y no 2, mi errada suposición inicial)

sábado, septiembre 16, 2006

"Semos los colectiveros..."

peso argentinoSi alguna vez viene a Buenos Aires y tiene que viajar en colectivo (autobús intraurbano), no olvide que para ello debe tener monedas. Cuando digo "debe tener" me refiero a algo tan indispensable como estar vivo para poder morirse. "Debe tener" quiere decir, en este caso, que la ausencia de los objetos metálicos antes mencionados lleva al conductor a invitarle a bajar; significa "no te vistas porque no vas"; no viajas; punto.
Debo decir, en todo caso y para no ser injusta, que yo fui la excepción de la regla. Para empezar, la primera vez que puse pie en un colectivo yo no conocía la regla, lo que no es impedimento para ser devuelto a la acera, pero gracias a mi arduo entrenamiento viendo telenovelas venezolanas durante tantos años de mi vida, después que el chofer vio en mi cara la reproducción de una angustiada "Ligia Elena" o una sufrida "Topacio", me dejó llegar gratis a mi destino.
En todo caso y sin desmerecer las dotes histriónicas de cada uno de ustedes, mi recomendación es que no lo intenten.
Lo importante para poder viajar en colectivo no es tener euros saliéndose por las orejas, ni reloj o dientes de oro, ni una jugosa cuenta en el Chase Manhattan Bank... lo único importante es tener monedas.

miércoles, agosto 16, 2006

Primeras Impresiones

"Mis primeras impresiones fueron digitales", como diría Carlitos Núñez de Les Luthiers (con quien tuve oportunidad hace poco de cruzar unas palabras). La verdad es que aún tengo un poco de tinta en los dedos porque hoy, a 9 días de mi llegada, fui a Policía Federal para sacar una constancia de que, hasta hoy, no he cometido ningún crimen en Argentina. Este es uno de los papeles que me piden para poder obtener la visa de trabajo.
En lo legal y en lo cotidiano, este parece ser un país que hace la vida para los extranjeros tan fácil o tan difícil como para cualquiera nacido en este suelo. Tal vez es un juicio apresurado, pero no me siento ni discriminada ni privilegiada. Acá soy quien soy, sin más etiqueta que lo que hago y lo que digo. Sin fama que me preceda, sin prejuicios a favor o en contra.
A la fecha ya he tenido 4 funciones de narración oral, entrevistas exitosas de trabajo, la oportunidad de hablar seguido con mis padres, una familia política preciosa y un compañero casi de sueños que me mira con ojos de amor aún cuando me regaña por mi pequeño caos personal.
Escribiendo esto me dan ganas de llorar porque me maravilla tanta cosa linda pasándome a mi. Agradezco toda la aspereza que tuvo el camino que me trajo hasta acá, pues sólo a través de la comparación con tiempos menos felices puedo medir el tamaño de esta dicha que tengo ahora. Una felicidad infinita como un hoyo negro y luminosa como el sol enceguecedor de mi Barquisimeto natal.
Gracias a todo y a todos, por lo malo y por lo bueno.