
Había dejado pasar varios días y ya me daba vergüenza no haber pagado. Alguien me sugirió que le hiciera una transferencia a través de Internet en lugar de ir personalmente. Es un consejo sensato y cualquier persona que jamás hubiese visto la sonrisa de S. habría hecho justamente eso... pero no es mi caso.
En una de estas noches invernales de mucho frío, después de las 9 de la noche, caminé las 12 cuadras que me separaban de aquella casa. Para pagar, si. Pero sobre todas las cosas, para volver a mirar esa hermosa sonrisa de 4 dientes que me deja sin palabras. Cuando salí de aquella casa de regreso a la mía, me di cuenta de que habría caminado mucho más, con mucho más frío, con lluvia o nieve, con niebla o ventisca. Esa sonrisa de 4 dientes bien vale la pena.