sábado, noviembre 30, 2019

Sueño (otro más)

Ella era un poco mayor que mi hija. Muy, pero muy parecida a mi. Fui a buscarla después de muchos años de abandono. Nunca le envié nada. Ni dinero, ni palabras, ni recuerdos... nada. Ella tenía una herida en la pierna, en la cara interna del muslo derecho. Otra hija, una hija a la que jamás le di nada. Leí algo escrito por ella donde hablaba del abandono de su madre, o sea yo. Decidí llevarla a casa, restablecer el vínculo imponiendo a su vez su presencia a mi hija y a mi marido, que no era su padre. Con mucho miedo a la reacción de ambos. Ella usó la bicicleta de mi otra hija... y perdía el equilibrio. Nadie le dio una bicicleta ni la acompañó para aprender a andar sin rueditas. La mujer que la había cuidado durante todos estos años no me reclamó nada. Parecía haberla cuidado bien... lo mejor que pudo. Su casa estaba sucia. No parecía lamentar la separación.
El sueño me dio mucha angustia. Me costó mucho en la mañana entender que no tengo una hija en otro lado, criada por otras personas. La culpa era tan grande que no lograba quitármela de encima la realidad.
He tenido una vida muy buena. No libre de problemas, pero sí llena de privilegios. Reconozco y agradezco a todos y cada uno de ellos. Y como dice V, "ese reconocimiento tiene que servir para entender que tenemos que hacer más por los demás".

lunes, agosto 11, 2014

Anillo de Fuego

Siempre desconfié de las afirmaciones absolutas acerca de la maternidad. Creía y sigo creyendo que hay tantas experiencias de maternidad como hijos hay en el mundo. Como hijos digo, porque según entiendo una misma madre tiene con cada hijo una experiencia distinta. Mi maternidad fue ansiosamente esperada, especialmente por otras personas. Yo fui a mi ritmo, al ritmo que pude. Y este año nació mi hija.
No sé cómo voy a recordar este periodo dentro de 30 años. Estoy convencida de que la memoria, la mía y la de todos, altera lo ocurrido para que podamos contar la historia que queremos. Por eso para algunas la felicidad de haber tenido un hijo superaba las anemias y los dolores post parto y sólo recuerdan una alegría infinita; mientras otras recuerdan un trabajo de parto doloroso, con mucho sufrimiento y un puerperio que fue apenas el abreboca de todo el llanto que vino después. Yo dudo de los extremos. Mi cuento hoy no está parado en ninguno.
Yo tuve un buen embarazo, un parto precioso y un puerperio que ha sido un anillo de fuego, como el de los circos. Esa es mi imagen en este momento, que puede variar con el paso del tiempo y convertirse en cualquier otra cosa, en otra historia, en el cuento que quiera contar después.
El fuego quema pero también purifica. Puede que salga un poco chamuscada y con olor a carne quemada, pero saldré. Voy a estar afuera del anillo en algún momento y si no hay nadie para aplaudir la hazaña, me aplaudiré solita y con ganas.
El puerperio me hizo valorar aún más lo que tengo y, sobre todo, a quienes tengo a mi alrededor. Me hizo entender por qué hay mujeres que abandonan a sus hijos. Hizo que me volviera a doler ser extranjera. Me hizo revivir miedos de la infancia. Logró que comprenda la sobreprotección como concepto. Confirmó una vez más mi alta tolerancia al dolor. Me robó el humor durante varias semanas. Y, por último pero más importante que todo lo demás: me habilitó la conexión con mi hija. Hay muchas cosas en mi que están distintas: me sale leche para alimentarla, tengo el sueño liviano para velar por ella, estoy sensible (quizás) para detectar y atender sus necesidades, me duele estar lejos de ella (aunque a veces me agobie la cercanía).
Mi cuerpo se ha vuelto cuna y alimento. Mi cabeza no hace más que molestar.

domingo, febrero 26, 2012

Propiedad Transitiva

Victoria me dijo hace algunos años que "el que le cae bien a todo el mundo es porque hace demasiadas concesiones". He pensado muchísimo en esa frase en los últimos dos días. Cuando me lo dijo pensé inmediatamente que yo estuve haciendo demasiadas concesiones. Era innegable. Ya para ese momento yo no le caía bien a todo el mundo y ahora, pasados unos años, comencé a preguntarme si estaré haciendo muy pocas concesiones.
Pero supongo que el problema de fondo son las cosas que me cuesta tolerar. Mis propios errores, por ejemplo, estarían encabezando esa lista. Y después le seguiría la reprobación ajena en el segundo puesto. Combinación exquisita. Angustia garantizada o le devolvemos su dinero; excepto, por supuesto, en aquellos días en los cuales yo no cometa ningún error y, además, me sienta respaldada por todas las personas que me rodean. En relación con esto último habría que tener en cuenta que hay conflicto de intereses entre mis cercanos y que lo que conviene a unos puede ser un problemón para los otros, por lo que una aprobación unánime es poco menos que imposible.
O sea que, sin quererlo, he conseguido el secreto de la infelicidad. Alguna vez escuché y me apropié de una frase que me sonaba sabia y sensata: "el secreto de la felicidad no es hacer lo que uno quiere sino querer lo que uno hace". La compré. Me gusta porque es (o parece) simple. Y generalmente no me cuesta practicarla porque me enamoro fácilmente de las cosas que decido emprender. Pero me parece que en el camino perdí algo.
A ver, si uno es lo hace y lo que hace sale mal, ¿cómo aplicamos la propiedad transitiva?
Victoria me dijo hace algunos años que uno debe "hacer siempre lo que a uno le parece correcto y, cuando te equivocas, decirlo, pedir disculpas y seguir adelante". Y ya voy por el último pedazo del consejo, pero antes estoy metiendo en mi mochila los antídotos contra el error anterior. Para la próxima sólo espero equivocarme con otra cosa.

sábado, febrero 25, 2012

"Vuelvo en alma y vuelvo en hueso"

Este blog fue siempre una conversación conmigo misma y como últimamente andamos un poco desencontradas yo y yo, entonces vuelvo. Podría tener este mismo diálogo en un cuaderno, un diario, un documento en algún procesador de palabras... pero no. Sigo exponiendo pública y webmente mis pensamientos. No creo que sea exhibicionismo puro, pero me declaro incapaz de dar explicaciones al respecto. En todo caso, estuve leyendo lo publicado hace algunos años y estoy segura de que ningún otro medio habría subsistido a tantas mudanzas, tanto cambio de máquina, de e-mail y tanto cuaderno que he terminado y perdido desde que este blog fue iniciado hasta el momento.
Volver a uno mismo suena, simplemente, ilógico. Aún habiéndolo intentado varias veces, me convencí que uno no puede huir de si mismo. Pero no puedo pensarlo de otra manera. Vuelvo y me robo la letra de Inti Illimani:
Vuelvo hermoso, vuelvo tierno,
vuelvo con mi espera dura,
vuelvo con mis armaduras,
con mi espada, mi desvelo,
mi tajante desconsuelo,
mi presagio, mi dulzura.
Vuelvo con mi amor espeso,
vuelvo en alma y vuelvo en hueso
a encontrar la patria pura
al fin del último beso.
Todo eso. Aunque sea tremendamente difícil volver "hermosa" o "tierna"; volver con "mi dulzura" en este momento. Sé que todo eso está ahí, abollado y dormido. Vuelvo, sí, con mi espada, mi desvelo, mi desconsuelo (tan tajante como profundo), con mi amor espeso. Vuelvo en alma y vuelvo en hueso. O sea, vuelvo con lo esencial, con lo que queda después del haberme sacudido durante tanto tiempo que se cayó todo lo que sobraba y todo lo que tenía mal agarrado. Quedó esto: el puro hueso, la esencia, lo que no cambia porque me define. Y ahora: a cantar. Como la loba. A entonar la música que me va a volver a poner carne y pelo y ropa. El encantamiento que me va a reconstruir, a rearmar, a devolver al mundo con todos los huesos en orden a seguir corriendo por el bosque. Vuelvo para encontrarme. Sean nuevamente bienvenidos.

lunes, noviembre 21, 2011

Banesco, Cadivi y mi papá: Final feliz

Lo prometido es deuda. A fin de presionar para obtener respuesta de parte de Banesco por lo ya relatado en el post anterior, publiqué en todos los medios a mi disposición la prolongadísima situación que impedía a mi papá planificar una visita por estos lados. Escribí a Banesco diciendo que publicaría elogios a la entidad si el asunto se resolvía con lo cual debo cumplir con mi palabra. Si bien pasaron muchos meses, el problema fue resuelto y es probable que nosotros hayamos estado tocando las puertas equivocadas. Banesco: Muchísimas gracias! En el camino, contacté a mi amigo Igvir quien fue sin duda alguna el motor de esta resolución. Al mismo tiempo que nos ha dado motivos para celebrar, se ha hecho acreedor de un vino reserva que llegará a sus manos en cuanto me sea posible embarcarlo en un avión rumbo a su casa. O a casa de algún familiar en Barquisimeto, pues ya tengo experiencia mandando vinos a gente que vive en Caracas que jamás los pasa a buscar. En fin... es un post de agradecimiento. Ende gut alles gut.

sábado, noviembre 12, 2011

La atención al cliente de BANESCO

La Tarjeta de Crédito Visa - Banesco de mi papá está bloqueada por Cadivi desde el 2009 a causa de un cargo doble que se le hizo por error. Ya el cargo duplicado fue aclarado entre Banesco y mi papá, pero la tarjeta de crédito continúa bloqueada por Cadivi hasta la fecha aún después de haber realizado las siguientes gestiones:
1.- Presentación de tres (3) requerimientos ante Banesco: 20090765100 (17/03/09), 20102351477 (23/08/10) y 20110317869 (04/02/11), todos decididos con el status: “Cerrado Procedente”, gracias a que se reversó una transacción en Certificado de Internet por 991,13 US$ en fecha 01/08/09.
2.- El 20/10/11 fue personalmente a Cadivi, donde le explicaron que debían recibir oficialmente de Banesco una comunicación aclarando su caso para ellos poder proceder a desbloquear su TC, para lo cual le entregaron un formato de muestra.
3.- El mismo día, 20/10/11, acudió a Atención al Cliente en Banesco, Caracas, CC El Recreo, donde lo atendió el Promotor Num. 9, y se le solicitó la elaboración de una carta explicativa y presentación de los recaudos correspondiente, a los fines de enviar una carpeta a Cadivi para solventar esta situación.
En el término de 10 días se esperaba la habilitación de la TC por parte de Cadivi, pero el problema sigue sin resolverse. Existen dos opciones:
A) Banesco informó correcta y oportunamente a Cadivi y pueden proporcionarle a mi papá la copia de esa comunicación para que él la entregue personalmente en Cadivi y puedan desbloquear su TC
B) Banesco no ha comunicado a Cadivi en la forma requerida respecto a sus gastos en divisas durante 2009 y, por lo tanto, no puede suministrar copia alguna de la comunicación enviada para solventar el problema.
En cualquiera de los dos casos, mientras Banesco no envíe la comunicación a Cadivi, donde le aclaran el monto realmente gastado con la TC Visa-Banesco por concepto de Operaciones electrónicas o Internet durante 2009 en la forma solicitada, la TC continuará bloqueada. No se tiene ninguna constancia de que Banesco haya cumplido con esta obligación en su rol como intermediador cambiario.

Puede alguien explicarnos qué tenemos qué hacer y cómo para que BANESCO cumpla con su obligación?

lunes, octubre 12, 2009

Perdida, vagabunda y ausente


Esos tres adjetivos usó Lulú para describirme. Dijo, literalmente: "Te sé perdida, vagabunda y ausente...". Difícilmente se puede ser más exacto. Físicamente sólo el tercero, pero simbólicamente, todo eso es cierto.
Perdida. Estoy totalmente desorientada, en una búsqueda frenética por encontrar MI manera de hacer MI trabajo. Como en todos los oficios y profesiones, uno parte de la teoría y de la imitación, pero he llegado al momento en que necesito hacer las cosas "a mi manera" (no por azar comenzó a salir esa canción de los parlantes de Super M. mientras yo escribo esto). Y así voy, dudando mucho a cada paso, tratando de ser fiel a mi misma, recordándome que se vale equivocarse pero tratando de no hacerlo y validando mis enojos y mis cansancios que bien tengo derecho a sentirlos. Ya postearé los resultados. Lo único que puedo prometer acá es que estoy siendo totalmente honesta a cada paso.
Vagabunda. "Se conoce como vagabundo a aquella persona que carece de un lugar permanente para residir y se ve obligada a vivir a la intemperie", wikipedia dixit. Repito, físicamente no es cierto, pero explica simbólicamente la sensación de desamparo que tengo. Tiene que ver con lo anterior. En más de un sentido estoy en otro país. Estoy en Argentina (país de los argentinos), en computación (país de los hombres), en data mining (país de otros que saben montones de cosas que aún no sé), en management (país complejo, muy complejo). De manera que soy curiosa espectadora de todos los lugares en los que estoy, sin estar. Por que estoy afuera y adentro al mismo tiempo. Lo que me lleva a que estoy:
Ausente. No sólo porque miro hacia adentro de todos los países en los que se supone que habito sintiendo el frío de la intemperie, sino porque además verdaderamente no estoy en los otros países por carecer del don de la ubicuidad. No estoy en Venezuela, no estoy en Chile, no estoy en los cuentos, no estuve en el entierro de mi abuela, no estoy en las reuniones de mi familia de origen, ni en los partos de mis amigas, ni en los cumpleaños de mis tíos, ni estaré en la celebración de 10 años de habernos graduado (recibido) el próximo 2 de diciembre. Pero estaré siempre ausente en algún lugar, es algo a lo que debo acostumbrarme.
Sin embargo, muy probablemente no siempre estaré perdida. Y también en algún momento dejaré de sentir el desamparo del vagabundo y lo cambiaré por la delicia de estar y sentirme en mis zapatos, con una taza de caldo caliente en las manos, con la tranquilidad de quien se equivoca sin intención de dañar a nadie y habiendo conquistado mis logros y fracasos totalmente a mi manera.